miércoles, 24 de octubre de 2012

La Renga: 10 años dejando el alma

Tuvieron que pasar 14 años desde la génesis de La Renga en 1988, para que aterrizaran por primera vez en nuestro país. Aquella histórica presentación se llevo a cabo hace exactamente una década, en un repleto Estadio Victor Jara, en donde compartieron escenario con los nacionales de Weichafe, hito que marcaria una estrecha relación con el público chileno. Después de este primer acercamiento volverían en otras nueve oportunidades a nuestras tierras, siendo su última visita el pasado 21 de Enero en el Velódromo del Estadio Nacional. Este aniversario constituye la excusa perfecta para tener de vuelta toda la potencia de los argentinos, en un show que promete ser especial, no solo por la carga emocional que involucra conmemorar los 10 años de contacto entre La Renga y Chile, sino también, porque la presentación será grabada en alta definición, con la finalidad de ser incluidos en un próximo DVD de la banda.


El íntimo escenario del Teatro Caupolicán es el lugar escogido para recibir la décima visita de La Renga. “Ser parte de la historia” es el eslogan con el cual se promocionó este evento, y así lo entienden los miles de fanáticos que desde muy temprano comenzaron a llegar al recinto de San Diego. Casi un centenar de incondicionales seguidores se apostaron en frente del Teatro, alentando con banderas y canticos, casi como si estuvieran en la previa de un partido de fútbol. La celebración duraría hasta que aparecieron fuerzas especiales de carabineros, quienes descolgaron los lienzos y obligaron a la multitud a dispersarse. 

En el interior del recinto, la efervescencia era máxima, a falta de 30 minutos para el inicio del show prácticamente no existen ubicaciones disponibles, una muestra inequívoca de que nadie quería quedar ajeno a esta icónica presentación. En lugar ofrece una de las mejores postales de las que se tenga memoria, con una platea completamente tapizada con variedad de lienzos, de distintas formas, diseños y colores, en los cuales se pueden leer mensajes tales como: “Es tu canción la que quiero oír en mi voz”, “el poder del rock le da sentido a mi vida”, “en tu andar veo mi andar y somos los mismos de siempre”, entre muchos otros.


“Tanque” es el primero en salir al escenario, sentándose frente a su batería y casi en un acto reflejo causando el delirio de todos los asistentes, lo siguen “Tete” y posteriormente “Chizzo”, dejando la mesa servida para dar inicio a la celebración. El show comienza con toda la potencia de “Panic Show”, que enloquece a todo el público del Caupolicán, quienes no paran de saltar y cantar, ofreciendo una muestra de energía solo comparable con la de Tete que corre de un lado para otro sin control. Las revoluciones se mantienen en lo más alto con “A Tu lado”, en donde se evidencian algunos problemas con el sonido del bajo, que es saturado por la batería, inconveniente que es rápidamente mitigado. Chizzo se dirige a los asistentes, y con un cierto grado de emoción indica: “Una noche como hoy en 2002, desembarcamos por primera vez en Chile…un placer estar acá con ustedes”, la ovación no tarda en llegar, y con ella los primeros acordes de “Canibalismo Galáctico”, que cuenta con el apoyo irrestricto de sus fans, que saltan y hacen flamear sus banderas. La conexión con nuestro país se hace aun más visible en “Tripa y Corazón”, en donde el frontman derrocha intensidad de la mano de excelentes secuencias y licks de guitarra. “Nada más difícil que obtener un sueño en una almohada de piedra” es la oración que introduce otro de los éxitos de los trasandinos, que recibe el apoyo de miles de voces que acompañan en los coros.

Se incorpora a la banda Manuel Varela, para apoyar con la armónica y segundas voces en la blusera “Motoralmaysangre”. Llega el turno de la canción que da el nombre a su último álbum de estudio, “Algún rayo”, existiendo por primera vez en la noche un comportamiento pasivo de parte del público, quizás por no tener tan arraigado el nuevo material. “Detonador De Sueños” presenta el sonido arrollador de la batería, con potentes secuencias y perfectas ejecuciones. Tete mantiene su show aparte, subiéndose a la plataforma destinada para Tanque, además de girar y recorrer toda la pista. Chizzo pregunta si se está escuchando bien, y aprovecha de agradecer a su staff de sonidistas, para luego atacar con toda la energía de “Destino Ciudad Futura”. Manu vuelve al escenario para apoyar con su saxofón la interpretación de “El Twist Del Pibe”, que recibe claras muestras de fascinación, con un recinto explotando de energía, donde todos los fanáticos corean al unísono cada una de las líneas de la canción. Otro invitado de lujo hace su presentación, “Nacho Smilari”, quien aparece para apoyar en el tema “Poder”, causando el delirio de cada uno de los seguidores que no paran de saltar y gritar.


La potencia de La Renga prosigue con la canción “El Rey De La Triste Felicidad”, que a su vez contrasta con “Dioses De Terciopelo”, presentada por el frontman como un pasaje más lento y melódico. Toda la banda abandona el escenario, y al cabo de un par de minutos vuelven para desarrollar una sensible sesión acústica, cuya apertura corre por cuenta de “Llenado De Llorar”, en donde el público canta desde lo más profundo de su ser, y donde los sonidos más controlados dejan entrever una ejecución no tan limpia y depurada por parte de Chizzo y Manu. Para “En El Baldío”,  Tete acompaña con su guitarra de palo, y todos elevan sus manos para seguir la agradable melodía. El protagonismo de las hermosas secuencias de armónica se apodera de “Voy A Bailar A La Nave Del Olvido”, con una letra cargada de emotividad y un cambio de ritmo que recibe la aprobación de los asistentes. De la mano del clásico “Balada Del Diablo Y La Muerte” vuelven los sonidos más crudos y rockeros, en donde el Teatro se convierte en una sola voz. El momento anecdótico lo ofrece Chizzo, que en medio de un excelente despliegue de dominio de las seis cuerdas, sufrió la desconexión de su instrumento, provocando una reacción felina por parte de los roadies para solucionar el imprevisto. 

El Caupolicán tiembla de energía e intensidad, con ráfagas de rock que recorren cada rincón del recinto, “Despedazado Por Mil Partes” y “Arte Infernal” son las encargadas de mantener las revoluciones en lo más alto, misión que es resuelta de manera sobresaliente. El público pareciese no agotarse, y así lo evidencian en “Al Que He Sangrado”, donde se mantiene la tónica de un apoyo constante en las voces. Las alarmas se activan cuando Chizzo indica que se están acercando lentamente al final, y su fanaticada le hace saber que no están dispuestos a terminar la celebración sin dar pelea, y así lo hacen durante la interpretación de “Lo Frágil De La Locura”, levantando los brazos y cantando más fuerte que nunca. El tema “La Razón Que Te Demora” fue dedicado al pueblo mapuche, causando la aprobación casi instantánea de todo el Teatro. La banda se retira tras un sólido “Gracias Chile!

Tras cinco minutos de receso, el público se comienza a impacientar y dedican canticos a la banda. Posteriormente, y en un acto casi involuntario, todo el recinto comenzó a interpretar “El Revelde” a cappella, teniendo como único instrumento de apoyo las palmas. Tanque aparece en la batería y comienza a interactuar con los expectantes asistentes, para luego dar paso a la versión original de este tema, sin lugar a dudas uno de los puntos más álgidos de la jornada, con miles de fieles seguidores que no dejan de saltar y cantar. Premian la interpretación con una cerrada ovación que no deja a nadie indiferente. Las últimas dos canciones que cierran la celebración de los diez de la primera visita de La Renga a Chile son “El Final Es En Donde Partí” y “Hablando De La Libertad”, en donde los asistentes queman sus último cartuchos para despedir a una de las bandas más emblemáticas del rock argentino. Un emocionado Gustavo “Chizzo” Nápoli dedica las últimas palabras a su hinchada: “Gracias Chile. Volvemos pronto”.


No voy a decir que La Renga se echó al bolsillo al público chileno, ya que de ser así estaría hablando de su show del 2002, que fue precisamente donde los argentinos cautivaron a la mayoría de los fanáticos que hoy llegaron al Teatro Caupolicán. El éxito de esta presentación nunca estuvo en tela de juicio, ya que los oriundos de Matadero este partido lo jugaban de local, y desde el primer minuto se evidenciaba que nada de lo que pasara sobre ese escenario haría cambiar la percepción de idolatría que despiertan en cada uno de sus seguidores.

A pesar de saberse queridos y respetados por el público chileno, La Renga no se duerme en sus laureles, por el contrario, pareciese que este cariño los motivase a dejar un pedazo más de su alma cada vez que salen a escena, con una entrega absoluta, un profesionalismo a toda prueba y esa importante carga de emotividad que no puede faltar en las presentaciones más trascendentales. Cada una de las piezas que componen esta máquina de hacer rock, sabe perfectamente cuál es el rol que debe cumplir: Gabriel “Tete” Iglesias, que debe ser por el lejos el bajista que más kilómetros recorre en el escenario, Jorge “Tanque” Iglesias, que maneja cada uno de los fundamentos de la batería, y Gustavo “Chizzo” Nápoli, uno de los pocos músicos en el mundo que cargan con la responsabilidad de las voces y la guitarra principal, ejecutando ambas igual de bien. En líneas generales podemos hablar de un show redondo, que si bien es cierto tuvo algunos pequeños detalles en el sonido, los suplió con creces, en base a una propuesta potente, entretenida y repleta de grandes éxitos.

Setlist

1. Panic Show
2. A Tu lado
3. Canibalismo Galáctico
4. Tripa y Corazón
5. Almohada De Piedra
6. Motoralmaysangre
7. Algún Rayo
8. Detonador De Sueños
9. Destino Ciudad Futura
10. El Twist Del Pibe
11. Poder
12. El Rey De La Triste Felicidad
13. Dioses De Terciopelo
14. Llenado De Llorar
15. En El Baldío
16. Voy A Bailar A La Nave Del Olvido
17. Balada Del Diablo Y La Muerte
18. Despedazado Por Mil Partes
19. Arte Infernal
20. Al Que He Sangrado
21. Lo Frágil De La Locura
22. La Razón Que Te Demora
23. El Revelde
24. El Final Es En Donde Partí
25. Hablando De La Libertad

viernes, 19 de octubre de 2012

G3: Un monstruo de tres cabezas

Pocas veces se tiene la oportunidad de ver en un mismo escenario, a tres prodigiosos referentes de las seis cuerdas, como lo son Joe Satriani (ex Deep Purple), John Petrucci (Dream Theater) y Steve Morse (Deep Purple, Dixie Dregs), privilegio reservado solo para el puñado de fanáticos que llegaron al Movistar Arena a presenciar una nueva fecha del G3, evento que aterriza por tercera vez en nuestro país, tras sus exitosas versiones de 2004 y 2006. Este show se enmarca en su gira sudamericana, que ya los tuvo en Brasil y Argentina, y que próximamente los llevará a Venezuela y posteriormente a México, en donde el lugar de Morse será ocupado por Steve Lukather (Toto).


Cuando se reúne a tres guitarristas icónicos bajo el alero de un mismo evento, las expectativas no pueden ser bajas y así se refleja en cada uno de los asistentes que desde temprano comenzaron a arribar al recinto del Parque O’Higgins, un público mixto, donde no se marca ninguna tendencia respecto al tramo generacional. Como ya es costumbre, algunos se entretienen consultando los valores del merchandising que se vende en los puestos autorizados, mientras que los más osados piden precios en el stand de guitarras. En una semana particularmente ajetreada en materia de conciertos, este show se alza como uno de los más potentes del planeta rock, es de esperar que los músicos se encuentren a la altura de las circunstancias y que a punta de solos y riffs hagan temblar cada rincón del Arena.

Para esta ocasión, el recinto fue habilitado al 50% de su capacidad, haciendo de este un show más íntimo, y facilitando la visión del escenario desde todas las ubicaciones, prueba de esto es que no fue necesario habilitar pantallas gigantes. El encargado de dar inicio a la fiesta es Steve Morse, quien sale a escena con una puntualidad que se agradece, bien acompañado por dos músicos de apoyo, responsables de la batería y el bajo. Sin mediar introducción comienza a sonar “Name Dropping”, el donde el guitarrista de inmediato despliega sus credenciales en base a potentes licks y solidas secuencias, las que se complementan de buena manera con el sonido del bajo. Las revoluciones bajan de la mano de “Highland Wedding”, cuya hermosa melodía se gana de inmediato los aplausos de los fanáticos. “On The Pipe” trae de vuelta toda la potencia de Morse, quien hace gala de lo depurada de su técnica, dejando más que claro las razones por las cuales se le considera como uno de los mejores exponentes del shred.

“Vista Grande” vuelve a llenar el ambiente de sonidos más delicados y melódicos, en contraposición con “John Deere Letter”, que destaca por su dinamismo, velocidad y una entretenida melodía country, que de forma espontánea logra que el público acompañe con las palmas. Morse dedica sus primeras palabras a los asistentes, dándoles la bienvenida  y expresándoles lo genial que es compartir escenario cada noche, con tipos tan talentosos. El músico cambia de guitarra para interpretar junto al bajista, “Baroque ‘n Dreams”, una extraña canción con tintes medievales, que si bien no destaca por su energía, si lo hace por lo atractivo de sus sonidos. Steve Morse vuelve a colgarse la guitarra con la que empezó el show, con la cual interpreta “Rising Power” de forma brillante y perfeccionista, no escatimando en potencia e intensidad. La rápida “StressFest” es presentada como la historia de su vida, y en cada uno de sus acordes se denota lo compenetrado que está el guitarrista con su música. La encargada de cerrar la presentación es “Cruise Control”, cover de Dixie Dregs, que tiene su punto más álgido en una pseudo competencia/juego entre el bajo y la guitarra.

Tras 15 minutos de receso, necesarios para montar otros instrumentos en el escenario, llega el turno de John Petrucci, miembro fundador de Dream Theater y un reconocido fanático de Steve Morse, quien hace su entrada con una introducción llena de dramatismo y oscuridad. En el papel, el setlist de Petrucci se evidencia más acotado que el de su predecesor, sin embargo, es sabido que sus canciones son mucho más extensas. La potencia y la fuerza no se hacen esperar, arrollando con el sonido demoledor de “Damage Control”, que tiene como condimento adicional el sentimiento que imprime el guitarrista en cada uno de sus acordes. Llega el turno de “Cloud Ten”, la primera de tres canciones nuevas que recién se comenzaron a mostrar en esta gira, que destaca por su melodía lúdica y dinámica. El músico ofrece sus primeras palabras, recordando su paso por Chile el pasado mes de Agosto con Dream Theater. Durante la ejecución de “Jaws Of Life” se puede apreciar fácilmente lo depurada de su técnica y el perfecto dominio del instrumento, convirtiendo la palanca de vibrato en el mejor de sus aliados.

La presentación continúa con las otras dos canciones nuevas que Petrucci está mostrando en el tour, primero la no tan potente “Zero Tolerance”, y posteriormente, los sonidos duros y toscos de “Glassy-Eyed Zombies”, en donde el protagonismo recae en la exquisita técnica del guitarrista, adornada con perfectos glissandi y certeros licks. El cierre de esta parte del show corre por cuenta de “Glasgow Kiss”, uno de los temas emblemáticos del álbum con que Petrucci debutó como solista: “Suspended Animation” (2005). Antes de retirarse, el músico presenta a su banda, cayendo una ovación de forma espontánea cuando llega el turno de nombrar a Mike Mangini en la batería.

Tuvieron que pasar 20 minutos para que apareciera el anfitrión de la fiesta, el siempre carismático Joe Satriani, que desde el comienzo se muestra muy animoso y activo. A diferencia de sus compañeros, el guitarrista incorpora un músico adicional en escena, un tecladista, quien hacia el final del show tendrá un rol bastante importante. “Ice 9” comienza con mucha potencia y energía, despertando al público del letargo causado por el receso, Satriani pide que acompañen con las palmas y los asistentes obedecen de inmediato. Llega el turno de “Satch Boogie”, donde queda más que claro lo bien que lo está pasando el icónico guitarrista, con un deslumbraste despliegue de talento y perfecto dominio de la palanca. Se produce un cambio de guitarra para llevar a cabo la interpretación de “Flying In A Blue Dream”, canción de corte más sensible y relajado, que permite apreciar una faceta menos rockera de Satriani, pero no por eso, menos prodigiosa. En la primera parte de “Crystal Planet” el teclado se convierte en protagonista excluyente, ganándose los aplausos de todo el recinto, inclusive del resto de los músicos. Posteriormente, llegaría una avalancha de potencia e intensidad, una hermosa pieza que el guitarrista lleva a cabo prácticamente sin esforzarse.

Para “God Is Crying” Satriani vuelve a solicitar el apoyo del público y la ayuda no se hace esperar, miles de fanáticos funcionando en perfecta sincronía. Se produce un atractivo duelo entre el guitarrista y el tecladista, que ni siquiera se resuelve cuando el músico comienza a rasgar las cuerdas con los dientes, acción que es emulada de forma precisa y eficiente por el encargado de las teclas. El recinto se llena de emotividad y sensibilidad con el tema “Always With Me, Always With You”, una canción preciosa y delicada, suerte de balada rock que deja en evidencia  la prolijidad de la ejecución, no escapándose ni una sola nota. Con “Crowd Chant” el público se hace más presente, cargándose de toda la energía de pieza, coreando cada una de las secuencias y cambios de ritmo. El cierre no podía ser con otra cosa que no fuese uno de los clásicos de Satriani, y “Surfing With The Alien” encaja perfectamente en este prototipo, que ofrece las últimas pinceladas de potencia y desenfreno.  

Joe Satriani se dirige a la audiencia para incentivarlos a que llamen al resto de los integrantes del G3, y al cabo de un par de segundos de gritos y aplausos hacen su ingreso al escenario Steve Morse y John Petrucci, conformando al talentoso monstruo de tres cabezas, que es recibido con una cerrada ovación que baja desde todos los sectores del Arena. La primera canción interpretada por la bestia es “You Really Got Me”, cover de The Kinks, en donde las voces corren por cuenta del tecladista, y cuyo coro es realizado al unísono por todas las almas del recinto. Una exquisita demostración de talento, donde los guitarristas se turnan para desplegar lo mejor de su repertorio. Llega el turno de “White Room”, cover de Cream, en donde Morse se ve un poco más apagado que sus compañeros, que transitan sin sobresaltos por una secuencia de solos perfectamente ejecutados. El último tema de la noche es “Rockin’ In The Free World”, cover de Neil Young, que cuenta con la particularidad de que la voz recae en Joe Satriani. Para cuando llega el turno del coro, todas las voces aportan con lo suyo, mientras unos tímidos puños se alzan hacía el cielo, en una hermosa postal que marca el cierre de un show carente de imperfecciones.

Fueron 26 canciones resumidas en más de tres horas de rock, donde fuimos testigos del talento y perfección de algunos de los guitarristas más destacados del mundo. Una exquisita e invaluable demostración de dedicación, desde la perspectiva de un grupo de músicos que han sido capaces de transformar la guitarra en una extensión más de su cuerpo. Tres estilos diferentes, unificados en un único instrumento…simplemente G3.

Setlist

Steve Morse

Name Dropping
Highland Wedding
On The Pipe
Vista Grande
John Deere Letter
Baroque ‘n Dreams
Rising Power
StressFest
Cruise Control (cover de Dixie Dregs)

John Petrucci

Damage Control
Cloud Ten
Jaws Of Life
Zero Tolerance
Classy-Eyed Zombies
Glasgow Kiss

Joe Satriani

Ice 9
Satch Boogie
Flying In A Blue Dream
Crystal Planet
God Is Crying
Always With Me, Always With You
Crowd Chant
Surfing With The Alien

Morse + Petrucci + Satriani

You Really Got Me (cover de The Kinks)
White Room (cover de Cream)
Rockin’ In The Free World (cover de Neil Young)

martes, 9 de octubre de 2012

Kasabian: El sonido fundamental

La génesis de Kasabian se remonta a 1997, en donde Sergio Pizzorno y Chris Edwards, compañeros del Countesthorpe Community College de Leicester, comenzaron a soñar con la posibilidad de formar un grupo de rock, ninguno de los dos poseía estudios formales de música y de manera autodidacta aprendieron a tocar la guitarra. Tanto Sergio como Chris, sentían que no tenían el carisma y desplante necesario para ser la cara visible de la banda y por lo mismo se abocaron a la misión de conseguir un frontman. En esta búsqueda se fijaron en Tom Meighan, un personaje que se escapaba del molde del resto de los estudiantes, con serios problemas de hiperactividad y que acostumbraba cantar durante los horarios de clases, ganándose el rechazo de los profesores.


Durante un fin de semana largo, Pizzorno y Edwards se toparon con Meighan completamente borracho a la salida de un pub y le ofrecieron hacerse cargo de las voces de la banda, quien probablemente a causa de su estado etílico accedió a la propuesta sin hacer mayores preguntas. El siguiente en integrarse a la agrupación fue el guitarrista Chris Karloff, que si bien es cierto no pertenecía a la generación del resto de los muchachos, había mostrado su talento en otras formaciones, lo que llamó la atención del trío. De inmediato Karloff comenzó a cooperar con las actividades de composición, tarea que hasta ese momento solo recaía en Pizzorno. En 2001, durante la grabación de sus primeros singles, conocieron al baterista Ian Matthews, que gozaba de una buena reputación en la escena jazz y triphop, siendo reclutado para hacerse cargo de la percusión.

Las personas dicen que seremos el nuevo Oasis, pero no lo creo. Es bueno
cuando las personas lo dicen, pero no están entendiendo el punto”.
(Tom Meighan, vocalista de Kasabian)

Su primera maqueta se grabó en los estudios Bedrock, donde Edwards se desempeñaba como técnico de sonido. Posteriormente, llegaría el turno de hacer su debut en vivo, acontecimiento que tendría lugar en el Club de Rugby Vipers, teniendo bastante éxito entre los asistentes. Como toda buena historia no podía estar ausente el factor suerte, y es así como un cazatalentos de BMG (Columbia) escuchó la maqueta mientras era pinchada por un DJ en un club de Londres, contactando a la banda para ofrecerles un atractivo contrato discográfico. Desde ese día, Kasabian ya ha editado cuatro álbumes de estudio y su popularidad en todo el mundo no para de crecer.

El origen del nombre

Nadie puede poner en tela de juicio la influencia de The Beatles sobre la mayoría de los músicos que crecieron bajo el alero de su legado musical, sin embargo, esta no es la única asociación que podemos encontrar entre Kasabian y los cuatro de Liverpool. El nombre de la banda proviene de Linda Kasabian, una joven que formaba parte del grupo “La Familia”, liderada por el asesino en serie Charles Manson, quien fue responsable del macabro asesinato de Sharon Tate, la mujer del cineasta polaco Roman Polanski, además de varios de los invitados que asistieron a una fiesta en la residencia del director (1969). Linda fue la encargada de conducir el vehículo en donde Manson huyó tras la matanza. Según investigaciones posteriores, el asesino se habría sentido profundamente influenciado por la película de Polanski: “Rosemary's Baby” (1968).

Kasabian significa carnicero en Armenio”.

Esta película, también conocida como “La Semilla Del Diablo”, fue filmada en un conjunto de departamentos de Dakota, mismo lugar donde en 1980 sería herido de muerte John Lennon, a raíz de cinco disparos que el fanático Mark David Chapman le propinó por la espalda.

¿Kasabian o KSBN?

Hace rato que Kasabian dejó de ser una banda comparsa, de aquellas que apenas se alcanzan a distinguir en los carteles de los festivales y que en algunos casos solo son incluidas para incrementar la lista de artistas y por el bajo costo que esto involucra. Su presente es diametralmente opuesto, llevando con orgullo la etiqueta de headliners, siendo protagonistas de los eventos más prestigiosos del mundo. El pasado mes de Agosto, se llevó a cabo el Reading Festival 2012 (que a falta del Glastonbury se convirtió en el Festival más importante de Inglaterra), y donde Kasabian compartió escenario con Foo Fighters y The Cure, como los números principales.

Recuerdo cuando miraba esos carteles y pensaba: Quiero ser uno de esos nombres, los grandes de la cabecera. No quiero tener que usar una lupa para encontrar mi nombre, quiero estar encima de todo el montón”.
(Sergio Pizzorno, guitarrista de Kasabian)


Esta no era la primera vez que los ingleses se presentaban en el Reading Festival, su primera aparición se vivió en 2004, pero ese mismo año también fueron invitados a participar del V Festival que se realiza con solo una semana de diferencia, y donde históricamente existe una prohibición para que las bandas no pueden tocar en ambos eventos durante un mismo año. Como el cuarteto estaba empezando a dar sus primeros pasos no podían dejar pasar la oportunidad de promocionarse, y por lo mismo decidieron cambiar de nombre para el V Festival, siendo anunciados en los carteles oficiales como KSBN. Si se revisan los archivos de este evento, todavía se puede ver el registro de esta desconocida banda, de la cual nunca más se volvió a saber.

Una granada en el jardín

Figuras emblemáticas de la historia del rock han perdido su vida a la edad de 27 años (Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain, entre muchos otros), Sergio Pizzorno, guitarrista de Kasabian estuvo cerca de engrosar esta lista en 2008 cuando una granada de la Segunda Guerra Mundial apareció en el jardín trasero de su casa al oeste de Londres. El artefacto estaba activo y fue encontrado durante una inspección de rutina de la constructora, quienes de inmediato dieron aviso a las autoridades que llegaron al lugar para proceder a su desactivación.

Estoy agradecido por estar vivo. Tengo 27 años y hay una gran
tradición de músicos que encuentran su final a esta edad
(Sergio Pizzorno, 2008)

Al parecer la granada llevaba enterrada más de 70 años, y fue removida por las labores de construcción que se realizaban en la propiedad. Tanto Pizzorno como sus vecinos tuvieron que ser evacuados debido a la posibilidad que el artefacto explotara durante su manipulación. Según declaraciones posteriores de especialistas, el músico corrió con suerte, ya que cualquier vibración fuerte, como por ejemplo la música a un volumen excesivo, podrían haber producido que la granada detonara.


El próximo 16 de Octubre los ingleses de Kasabian aterrizan por primera vez en Chile, para ofrecer uno de los conciertos más esperados de los últimos años. El cuarteto de Leicestershire se presentará en el siempre acogedor Teatro Caupolicán, evento que se enmarca en la gira de promoción de su último trabajo “Velociraptor!” (2011) y donde tendrán la oportunidad de saldar la deuda que tienen pendiente con sus incondicionales seguidores chilenos.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Scorpions: Los seguiremos amando

La vida suele dar segundas oportunidades, y es precisamente bajo esta consigna que los alemanes de Scorpions decidieron extender su gira de despedida, abriendo la posibilidad de que los fanáticos en Chile que se perdieron su show de 2010 puedan ser testigos privilegiados de la que seguramente será la última presentación en nuestro país de una de las bandas insignes del hard rock a nivel mundial. Resulta conveniente recordar que a principios de 2010 el quinteto anunció la disolución de la agrupación tras más de cuatro décadas de trayectoria y diecisiete álbumes de estudio, los que vendieron la no despreciable suma de 160 millones de discos en todo el mundo, consagrándose como una de las bandas de rock más importantes de la historia.   


Coincidentemente, hace exactos dos años, el Movistar Arena albergaba lo que a todas luces se presentaba como la despedida de Scorpions de los escenarios nacionales, sin embargo, el cariño del público y la resignación de la banda por abandonar las pistas, los motivaron a realizar una segunda parte de la gira que marcará el punto final de su carrera (Final Sting World Tour). El recinto y los protagonistas son los mismos que en 2010, y probablemente varios de los miles de fanáticos que empiezan a tomar ubicación en el Arena se están repitiendo el plato. Un público mixto, varias generaciones unidas en un evento que se presume memorable, y donde destaca la gran cantidad de seguidores jóvenes, quienes probablemente ni siquiera habían nacido cuando Scorpions tuvo su etapa más exitosa. De a poco se empieza a configurar el marco perfecto para el último show de los poseedores de algunas de las baladas rock más significativas de la historia.

En el escenario destacan tres pantallas gigantes, la batería doble bombo de James Kottak y una pasarela frontal que se introduce en la cancha. Ya sobre la hora se produce una evidente discordancia entre la convocatoria de la cancha vip versus el resto de los sectores, mientras las plateas (alta y baja), y la cancha general se encuentran con escasas ubicaciones disponibles, el sector preferencial se presenta muy por debajo de la mitad de su capacidad. Bastan tan solo diez minutos de retraso para que el respetable comience a perder la paciencia y los silbidos de reprobación no se hacen esperar, los cuales solo se acallan a las 21:25 hrs. cuando se apagan las luces en el Movistar Arena, anunciando el comienzo del show. 


Las primeras imágenes que se despliegan en pantalla corresponden al mítico US Festival de 1983, que se llevó a cabo en San Bernardino, California. “Sting In The Tail”, uno de sus más recientes éxitos, es el encargado de abrir la presentación, no logrando motivar a los fanáticos, contando solo con el apoyo de algunas escasas voces que acompañan la canción. De la mano de “Make It Real” se comienzan a evidenciar los primeros problemas técnicos, en donde la voz de Meine no logra resaltar por sobre los instrumentos, haciendo que sea poco nítida y que se escuche débil. El show sigue sin levantar vuelo, y el frontman así lo percibe, que con un potente “¡Buenas noches Santiago!” busca sacar al público de su momentáneo letargo. Durante los coros de “Is There Anybody There?” los asistentes ya se empiezan a notar más participativos, apoyando con sus manos en alto y tratando de seguir la letra del estribillo. Toda la potencia e intensidad de “The Zoo” marca un importante punto de inflexión, llenando el recinto de fuerza y energía, en base a su clásico sonido hard rock, y las excelentes secuencias de Rudolf Schenker y Paweł Mąciwoda que se lucen en la pasarela. Matthias Jabs no se queda atrás, y no solo despliega su indiscutida habilidad con la guitarra, sino que también maneja a la perfección el talk box. Para la instrumental “Coast To Coast” el vocalista aporta con una tercera guitarra y en una perfecta postal los cuatro músicos tocan alrededor del baterista.

A pesar de todo el vigor que imprime “Loving You Sunday Morning” el público a ratos vuelve a caer presa del sopor. Meine realiza una pequeña presentación de la gira, marcando la introducción a la primera canción lenta de la jornada, la delicada “The Best Is Yet To Come”, en donde la voz por primera vez en la noche se escucha mucho más fuerte que el resto de los instrumentos, y recibiendo la aprobación de los asistentes, mediante la interpretación de los coros y el acompañamiento con las palmas. Para “Send Me An Angel” el protagonismo lo asume totalmente el sonido de las guitarras electro acústicas y su bella melodía que a estas alturas se ha convertido en un verdadero clásico. Los aplausos y la ovación caen desde todas partes del recinto, llenado el ambiente de emotividad y sensibilidad. El inicio de “Holiday” mantiene la tendencia a los sonidos más tranquilos y relajados, y los problemas técnicos que se mostraron en un comienzo, ya son parte de la historia. Una bandera chilena cae al escenario, que el vocalista utiliza como una improvisada capa. La pregunta “Are you ready to rock?” marca el inicio de “Raised On Rock”, otro de los temas de su último álbum de estudio, y que a pesar de lo duro de sus sonidos no logra encender a los fanáticos.


Promediando la mitad del show, no cabe duda que los veteranos de Scorpions todavía tienen combustible de sobra para seguir rockeando por un par de años más, no escatimando en energía para moverse por todo el escenario. Toda esta entrega incondicional se hace más que notoria en “Tease Me Please Me”, en donde el sonido de la batería y las guitarras amenaza con echar abajo el Movistar Arena. Mientras tanto, Meine regala baquetas al público para motivarlos a participar del show. En una rápida transición comienza a sonar “Hit Between The Eyes”, que destaca por su aceleración, pero que no termina por convencer. Tal como ha sido la tónica durante toda la gira, llega el turno del lucimiento personal del baterista James Kottak, que realiza una brillante demostración de manejo de la percusión y que también denota buenos atributos en el dominio de masas, generando una entretenida dinámica de participación y competencia entre los asistentes, para ver quien apoyaba con más intensidad. El punto culmine llega cuando muestra la parte trasera de su polera, en donde resalta el texto: “Rock & Roll Forever”, frase que también lleva tatuada en la espalda. Con toda esta adrenalina la mesa queda servida para que “Blackout” despliegue lo arrollador de su sonido.

Llega el turno de dos inyecciones de puro rock: “Six String Sting” y “Big City Night”, que aportan con una potencia que pareciese no tener límites y que permite al público estar en una mayor sincronía con la banda. Rudolf reemplaza el pañuelo que había llevado por todo el concierto, por un estiloso gorro de vaquero. El quinteto se despide de sus fanáticos, regalando uñetas y baquetas, recibiendo como respuesta el clásico: “Olé, olé, olé, olé, Scorpions, Scorpions…”, retirándose del escenario en medio de aplausos y una cerrada ovación. Al cabo de unos minutos, y ante la insistencia de todo el recinto, los alemanes regresan para interpretar una de las baladas rock imprescindibles en la discoteca de cualquier melómano. Con los primero acordes de “Still Loving You” se desata la locura en el Arena, con miles de voces cantando al unísono cada una de las líneas de la canción, fundamentando así uno de los puntos más altos de la jornada.

Como si toda esta energía no fuese suficiente, llega el turno de “Wind Of Change”, un verdadero encuentro con la historia, y con uno de los temas más significativos de fines de los ochentas. Un himno de esperanza, en donde cada uno de los asistentes aporta con su gota de emotividad, creando una atmósfera inexplicable, que se ve adornada a la perfección por el característico silbido de Meine. Las revoluciones se mantienen en alto con “No One Like You” y los aplausos caen como una avalancha. El cierre no podría ser de mejor manera, toda la potencia de las primeras notas bastan para darse cuenta que llegó el turno de “Rock You Like A Hurricane”, y la respuesta del público no se hace esperar, interpretando cada una de las líneas, sin bajar en ningún momento la intensidad. Los aplausos y silbidos llenan cada rincón del lugar, el vocalista dedica algunas últimas palabras a los fanáticos antes de dar por terminado el show: “Chile, we love you!”. La banda realiza una sentida reverencia y se pierden tras bastidores.

Independiente que en las primeras canciones hayan existido algunos problemas con el sonido, en líneas generales se presenció un show de excelente nivel artístico, fundamentado en grandes clásicos del rock que nunca pasarán de moda, e interpretados perfectamente por una banda incombustible, que a pesar de lo extensa de su trayectoria se nota que lo siguen pasando igual de bien en el escenario. A mi parecer, el punto negativo del show, lo marca la poca presencia de fanáticos en el sector vip, ya que una agrupación del nivel de Scorpions se merecía un marco de público más acorde a su leyenda, quizás la solución pasaba simplemente por bajar el precio de los tickets o reducir las dimensiones destinadas a esta ubicación.

Honestamente, a pesar que todos los medios de comunicación se han encargado de recalcar que esta si será la última presentación de los alemanes en nuestras fronteras, no me molestaría estar siendo engañado y que dentro de un par de años estemos hablando de una gira de reencuentro de Scorpions. No sería la primera vez que unos rockstars se dan cuenta que no pueden vivir sin hacer lo que más les apasiona: ¡rockear como un huracán!.

Setlist

1. Sting In The Tail
2. Make It Real
3. Is There Anybody There?
4. The Zoo
5. Coast To Coast
6. Loving You Sunday Morning
7. The Best Is Yet To Come
8. Send Me An Angel
9. Holiday
10. Raised On Rock
11. Tease Me Please Me
12. Hit Between The Eyes
13. Kottak Attack
14. Blackout
15. Six String Sting
16. Big City Night
17. Still Loving You
18. Wind Of Change
19. No One Like You
20. Rock You Like A Hurricane

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Scorpions: Siguen sonando como un huracán

El próximo 14 de Septiembre, en el marco de la gira “Final Sting World Tour”, el Movistar Arena será testigo de lo que se supone es la última presentación de los alemanes de Scorpions en tierras nacionales. Esta visita corresponde a la segunda parte de su gira de despedida que ya los trajo a Chile en 2010 y en donde repasarán los grandes éxitos de sus más de 40 años de trayectoria. Resulta imposible abstraerse del inminente fin de una de las bandas más reconocidas y respetadas de la escena musical a nivel mundial, con un estilo único que reinventó el concepto de hard rock, en base a una increíble batería de éxitos, que incluyen algunas de las mejores power ballad de la historia.

Queremos ser recordados corriendo en el escenario, en buena forma y reflejando que estamos en excelente comunión con nuestros fans. Lo triste sería seguir en un escenario con nuestras capacidades disminuidas
(Matthias Jabs, guitarrista de Scorpions)


No cabe duda que ver a Scorpions en vivo es una experiencia imperdible, y si no se ha tenido la oportunidad de presenciar a los alemanes en alguna de sus anteriores tres visitas, es el momento preciso para saldar esta deuda pendiente con la historia. Preparándonos para vivir este memorable último show, los dejo con un par de anécdotas de Scorpions que nos acerca un poco más a su increíble legado.

Cuando Scorpions se quedó sin voz

En 1981, durante la grabación de los demos para el álbum “Blackout”, Klaus Meine comenzó a evidenciar serios problemas en sus cuerdas vocales, no llegando a los tonos más altos y teniendo muchas dificultades para mantener su registro. Durante una sesión de grabación en Francia, el vocalista se quedó sin voz y fue a parar a la clínica, en donde el diagnostico del doctor fue lapidario, había desarrollado nodos y un pólipo en sus cuerdas vocales y sería imposible que volviese a cantar. Con estos antecedentes la banda se vio obligada a cancelar algunas fechas que ya estaban agendadas y detener la grabación del nuevo disco.

Me sentía realmente mal, porque mi estado físico ponía al grupo fuera de
servicio, estaba muy asustado, ya que pensaba que jamás volvería a cantar”.
(Klaus Meine)

El vocalista se reunió con la banda y les explicó que sería muy difícil que recuperase su voz, por lo que consideraba prudente que buscaran otro cantante. Sus compañeros, liderados por su buen amigo Rudolf Schenker, decidieron esperarlo hasta que se recuperara totalmente e inclusive barajaron la posibilidad de disolverse si Meine no podía continuar. Para no paralizar por completo el proceso de creación del álbum, decidieron contactar al cantante Don Dokken para completar los demos que se estaban grabando.


Motivado por el respaldo de la banda, Meine decide visitar a un doctor en Viena, que se especializaba en tratar a cantantes de ópera, quien le dijo que existía una posibilidad de recuperar su voz, pero que tendría que ser operado y posteriormente seguir un delicado proceso de recuperación. El vocalista tuvo que ingresar en dos ocasiones al quirófano, y pasar varias semanas sin articular ninguna palabra, además de someterse a sesiones de masajes en la garganta (los que por recomendación médica mantiene hasta la actualidad). El sacrificio valió la pena, ya que Meine recuperó su voz e inclusive amplió su rango vocal, volviendo al estudio en 1982 para dar vida al octavo álbum de estudio de Scorpions, “Blackout”, el que obtuvo disco de platino en EEUU y el reconocimiento como el mejor disco hard rock del año. El material grabado por Don Dokken se utilizó en las segundas voces de la placa.

La polémica como estandarte

Una de las características que han marcado la trayectoria de Scorpions son las constantes polémicas en que se han visto envueltas las carátulas de sus álbumes. Una tendencia que lejos de afectar su popularidad, les ha servido como trampolín para situar sus discos entre los más solicitados por miles de curiosos fanáticos que no soportan la tentación de adueñarse de un material que ha sido etiquetado como “prohibido”. El primer disco en ser objeto de críticas fue “In Trance” (1975) por mostrar en su carátula una modelo con una guitarra eléctrica exhibiendo uno de sus senos. En las ediciones posteriores la fotografía fue oscurecida para evitar ser censurada.

La idea fue del sello discográfico, pero no nos opusimos. Eso sí, la culpa fue de nosotros. Estas portadas fueron probablemente la cosa más vergonzosa en las que he participado”.
(Uli Jon Roth, ex integrante de Scorpions)

“Virgin Killer” (1976), el cuarto álbum de estudio de los alemanes, es sin duda el disco más polémico de toda su trayectoria, fue duramente criticado por mostrar en su portada la foto de una niña desnuda, donde se simulaba el efecto de un cristal roto en su zona genital. La carátula fue censurada en varios países y tuvo que ser reemplazada por la imagen de los miembros de la banda. Klaus Meine, vocalista de Scorpions, argumento que todo se había tratado de una estrategia comercial ideada por la casa discográfica. La portada del álbum “Taken By Force” (1977), fue considerada como bélica por el público más conservador, esto debido a la fotografía de dos niños jugando con armas en un cementerio militar francés. La solución nuevamente fue reemplazar el arte por una imagen de la banda sobre un fondo oscuro.


La carátula de “Love Drive” (1979), a pesar de tener un sentido más lúdico no se escapo de las críticas. Su portada correspondía a un dibujo (muy similar a una fotografía) que mostraba a un hombre y una mujer en el asiento trasero de un auto, en donde el seno de la muchacha parecía estar derritiéndose en las manos de su acompañante. La Revista Playboy la eligió como la mejor portada de disco de 1979, y a pesar de venir cubierta en papel de todas maneras fue censurada, siendo reemplazada por el dibujo de un escorpión azul. Pasaron cinco años y la polémica volvió a hacerse presente con el álbum “Love At First Sting” (1984), en donde se criticó el alto contenido erótico de la fotografía que mostraba a un hombre, abrazando y tatuando el muslo de una mujer que dejaba ver parte de su seno izquierdo. A petición de la cadena Wal-Mart, la carátula fue reemplazada por una fotografía de los integrantes de Scorpions sobre un fondo blanco.

“Pure Instinct” (1996) trajo de vuelta la polémica, al presentar en su carátula varias personas desnudas dentro de una jaula (incluyendo niños) que eran observadas desde fuera por animales, simulando el concepto inverso de un zoológico. La portada fue censurada en EEUU y tuvo que ser reemplazada por una fotografía de los cuatro integrantes que a esa fecha estaban en la banda.

Megadeth: Una banda que no se extingue

Un día como hoy, hace exactamente 17 años, Megadeth se presentaba por primera vez en el Teatro Caupolicán (antes Monumental), como parte de la primera jornada del Festival Monster Of Rock 1995. Esa fue su segunda visita a tierras nacionales y el comienzo de un estrecho lazo que durante los años siguientes los harían volver en otras cinco ocasiones a nuestro país, confirmando la predilección de Mustaine y compañía por Chile, considerándolo una de las plazas predilectas para descargar lo mejor de su thrash metal.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que el recinto de San Diego volviese a albergar toda la potencia de Megadeth, y la ocasión no podría ser más especial, la celebración de las dos décadas de vida del álbum “Countdown To Extinction” (1992), el que para muchos es el mejor disco en la carrera de la banda, ostentando un doble disco de platino que así lo ratifica. Cuando se conoció la noticia de la visita de los estadounidenses la respuesta de los fanáticos no se hizo esperar, agotando rápidamente cada una de las más de 5.000 locaciones disponibles y presionando a la organización para agendar una segunda fecha. A medida que se acerca la hora del show, el desfile de poleras negras comienza a repletar cada uno de los rincones del teatro y cuesta trabajo no estremecerse por toda la energía que se percibe en el ambiente, creando una atmósfera que augura una jornada inolvidable.


Todavía falta más de media hora para el inicio del concierto y el Caupolicán ya supera fácilmente el 90% de su capacidad, a medida que pasan los minutos crece la ansiedad entre los asistentes, los gritos y canticos caen desde todos los sectores del teatro, como una ráfaga de energía y desahogo. El escenario se encuentra adornado por tres pantallas, una principal y dos laterales, y es precisamente la más grande la que se enciende para mostrar durante escasos diez segundos la preparación de Mustaine tras bastidores, causando el delirio de todos los fanáticos. Como ya es costumbre en este tipo de eventos, los más osados empiezan a saltar desde tribuna hacía cancha, contando con la complicidad de los improvisados receptores. Son pasadas las 21:00 hrs. y se vuelve a encender la pantalla para ofrecer el recorrido de la banda hacía el escenario, las luces se apagan, una señal inequívoca de que el show va a comenzar.

Los primeros acordes de la batería de Shawn Drover marcan el comienzo de la fiesta, salen a escena David Ellefson y Chris Broderick, para posteriormente dar paso al protagonista excluyente de la velada, el legendario Dave Mustaine. Suena “Trust” y el público de inmediato entra en sincronía, interpretando cada una de las líneas de la canción y disfrutando la potencia de las guitarras que como una avalancha llena cada espacio del recinto. Las pantallas comienzan a proyectar el video de “Hangar 18” mientras los fanáticos no dejan de saltar y derrochar energía, estableciendo una perfecta comunicación con la banda. El nombre de “Megadeth” resuena desde todos los sectores, y la cancha estalla cuando comienza a sonar “She-Wolf”, haciéndose presente el moshing que deja a más de algún damnificado. Una precisa ejecución de Broderick marca la introducción de “A Tout Le Monde”, sin lugar a dudas uno de los puntos más álgidos de la noche, todos los asistentes acompañan con las palmas y por primera vez se puede distinguir nítidamente la voz de Mustaine. Las revoluciones bajan levemente de la mano de “Whose Life (Is It Anyways?)”, donde a pesar de proyectarse el video con la letra de la canción, no recibe el acompañamiento esperado. “good evening” son las primeras palabras del vocalista, las que son premiadas de inmediato con canticos y aplausos, que a su vez son respondidos con una reverencia y un beso por parte de Mustaine. El escenario se vuelve a llenar de potencia con “Public Enemy No. 1”, sin dar tregua al descanso, muy por el contrario, inyectando cada vez más dosis de intensidad. Llega a las manos del vocalista una bandera chilena, que muy gentilmente despliega para posteriormente amarrar en el pedestal del micrófono.


Llega el turno del invitado de honor, el álbum “Countdown To Extinction”, el frontman elige a dos pequeños niños desde el público y se los lleva al centro del escenario, intenta entablar una conversación, pero solo obtiene sus nombres: Ignacio y Daniel. Mustaine se ve sonriente y les obsequia un par de uñetas (recuerdo que muchos fanáticos habrían matado por poseer). Los aplausos bajan desde todas partes, y Dave se deja querer, sabe muy bien todo el cariño que le profesa el pueblo chileno. La energía y fuerza de “Skin O’ My Teeth” abre el recorrido a través del disco, y lo sigue uno de los grandes himnos del metal, “Symphony Of Destruction”, que como era de esperar hace estallar el Caupolicán con el clásico grito: “Megadeth, Aguante Megadeth”. El sonido de una metralleta marca el comienzo de “Architecture Of Aggression”, en donde brillan las hermosas secuencias de guitarras y el apoyo incondicional de los fanáticos. Mustaine comenta que estuvo conversando con Shawn Drover, y que concluyeron que a pesar de haber viajado por todo el mundo, Chile es su país favorito, una evidente estrategia comunicacional que a pesar de pecar de evidente, consigue muy buenos dividendos. En media de una verdadera locura colectiva transcurren los éxitos “Forecluse Of A Dream” y “Sweating Bullets”, donde el público se muestra 100% conectado con la banda. La potencia se incrementa en base a la melodía de “This Was My Life”, y el canto de todo el teatro se une en una única voz.

A Mustaine le llama la atención una gran bandera que se despliega en el centro de la cancha y hace gestos para que se la hagan llegar. Después de un tormentoso trayecto no llega en las mejores condiciones hasta sus manos, sin embargo, con mucho cuidado la dobla y la abraza fuertemente, dando una verdadera cátedra de cómo ganarse la admiración de todo un pueblo. El público premia esta acción con el típico silbido que acompaña las cuecas, y con su respectivo zapateo. El repaso de su quinto álbum de estudio continúa con “Countdown To Extinction” y toda la velocidad de “High Speed Dirt”, que genera uno de los mosh pit más grande que haya albergado el recinto de San Diego. Si alguien pensaba que ya no quedaba energía para seguir saltando, “Psychotron” demuestra lo contrario, teniendo un pequeño respiro de la mano de los sonidos más delicados de “Captive Honour”. Recordando que el próximo miércoles, el veterano guitarrista estará celebrando sus 51 años, el público del Caupolicán le canta el cumpleaños feliz (tanto en español, como en inglés). “Ashes In Your Mouth” cierra el recorrido por la placa, y la banda se retira en medio de una ovación generalizada.


El bajista David Ellefson retorna al escenario, y con un sólido “Hola Santiago” da inicio a la interpretación de “Peace Sells”, que sobresale por su sorprendente despliegue de potencia e intensidad, además de una breve aparición de Vic Rattlehead, mascota de Megadeth, vestido de militar. Ya llegando al final del show, se produce uno de los momentos más emotivos de la jornada, cuando Mustaine dedica algunas palabras para recordar al recientemente fallecido James Charles “Jim” Marshall, fundador de la empresa Marshall Amplification, organización que este año celebra su 50avo aniversario produciendo los mejores amplificadores del mundo. Dave utiliza una cámara ubicada a los pies del escenario para mandar un afectuoso saludo, recordando que los chilenos somos la mejor audiencia del mundo. El tema encargado de cerrar esta memorable presentación es “Holy Wars… The Punishment Due”, que al igual que todo el repertorio expele energía por cada uno de sus acordes. Los integrantes de la banda abandonan sus instrumentos, regalan sus uñetas y muñequeras, se despiden de sus incondicionales fanáticos y se pierden tras el escenario, en medio de un torrente de aplausos.


En lo que respecta al repertorio del show no hubo sorpresas, repitiendo el mismo setlist que desarrollaron en Bogotá y Sao Paulo, el pasado 02 y 05 de Septiembre respectivamente, donde además de interpretar íntegramente el álbum Countdown To Extinction” se apoyaron en otros grandes éxitos de su catálogo. En lo musical, no vamos a descubrir hoy que Dave Mustaine ya no tiene la misma potencia en su voz que en antaño, pero eso no importa mucho cuando tienes a miles de fanáticos que te acompañan con las voces en cada una de tus canciones, además del sonido nítido de la batería y las cuerdas, que retumban con una potencia arrolladora. Los asistentes al Teatro Caupolicán pueden estar tranquilos, porque nuevamente fueron testigos de una verdadera cátedra de thrash metal. Es de esperar que Megadeth nos siga visitando, porque cuesta trabajo encontrar bandas que a pesar del camino recorrido, no estén dispuestas a tranzar con su propuesta.

Setlist

1. Trust
2. Hangar 18
3. She-Wolf
4. A Tout Le Monde
5. Whose Life (Is It Anyways?)
6. Public Enemy No. 1
7. Skin O’ My Teeth
8. Symphony Of Destruction
9. Architecture Of Aggression
10. Forecluse Of A Dream
11. Sweating Bullets
12. This Was My Life
13. Countdown To Extinction
14. High Speed Dirt
15. Psychotron
16. Captive Honour
17. Ashes In Your Mouth
18. Peace Sells
19. Holy Wars… The Punishment Due